Un nuevo aporte desde el campo de la psicología
se abre campo en las empresas. Se trata del
capital psicológico, un concepto desarrollado
por el profesor Fred Luthans, del Leadership
Institute de la Universidad de Nebraska,
en Estados Unidos. La idea de Luthans parte
de la aplicación de los principios básicos
de la llamada psicología positiva –que
se ocupa de estudiar el comportamiento humano
desde sus fortalezas y factores positivos-
en el ámbito del trabajo y las organizaciones.
Entrevistada por Wharton School, la doctora Cristina Simón, decana de
Psicología de IE University, en Segovia, sitúa la importancia del
capital psicológico en la necesidad de tener en cuenta y valorar la personalidad
de los trabajadores como un activo más de la empresa. Refiere que así como
se ha definido un capital financiero (lo que tienes), un capital intelectual
(lo que sabes hacer) y un capital social (con quién te relacionas), se
puede hablar también de un capital psicológico (cómo eres)
en relación al conjunto de características positivas de personalidad
que cada individuo desarrolla en su vida profesional.
Ahora bien, el valor que adquieren tales características radica en los
resultados que pueden generar en los contextos laborales.
Simón anota que el capital psicológico está constituido
por cuatro rasgos específicos: la voluntad, entendida como la motivación
orientada al cumplimiento de un objetivo; el optimismo realista, que viene a
ser la confianza en la resolución positiva de acontecimientos futuros;
la resiliencia o capacidad de afrontar condiciones adversas; y la autoconfianza,
definida como la seguridad para conseguir las metas trazadas. Añade que
toda persona está en capacidad de desarrollar estos cuatro factores, y
por tanto pueden formar parte de los programas de formación y desarrollo
de las empresas.
Un aspecto que las organizaciones empiezan a considerar es que la combinación
de estos rasgos en diferentes personas con un objetivo común puede hacer
que un equipo resulte especialmente eficaz, generando simultáneamente
buenos patrones de interacción social. En otras palabras, el capital psicológico
puede tener un efecto multiplicador cuando un conjunto de personas colaboran.
Finalmente, la especialista subraya que los componentes
del capital psicológico, especialmente
la resiliencia y el optimismo realista, pueden
ayudar a mejorar la percepción de situaciones
adversas, tal el caso de la crisis económica
actual. “En concreto, adoptar una visión
optimista de las circunstancias –y no me
refiero a una ilusión ‘bobalicona’ de
horizonte color rosa- puede ayudar a mejorar
la situación personal en el largo plazo.
La forma en que percibimos el mundo y nuestro
entorno es una parte fundamental de nuestro proceso
de toma de decisiones, sobre el cual construimos
nuestro futuro en el día a día”.